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El doble filo del proceso monitorio en la reclamación de impagos

Tener que gastar dinero y pasar por un tortuoso proceso judicial para conseguir cobrar un dinero que me deben es una auténtica tortura. Si he prestado un servicio o vendido un producto y mi cliente lo ha recibido a su satisfacción, ¿por qué debo pasar por un juicio cuando me deja la factura sin pagar? ¿No podría existir un procedimiento más sencillo para cobrar las deudas evidentes, y dejar los juicios para cuando se trata de algo dudoso? Pues existe, y se llama proceso monitorio, regulado en los arts. 812 y ss de la Ley de Enjuiciamiento Civil. El funcionamiento es sencillo: sin necesidad de abogado ni procurador, presento un escrito en el Juzgado, firmado por mí mismo, donde digo quién soy, quién me debe, cuánto me debe y por qué me debe, y aporto la factura. El Juzgado pide al deudor que pague, y si no contesta, automáticamente se me da la razón, y se da inicio a la ejecución, para embargarle lo que se le pueda embargar. Sin necesidad de juicios. Suena bien, pero antes de embarcarse en un monitorio, hay que saber dónde nos puede llevar.

Ventajas del monitorio

Las ventajas principales del proceso monitorio son las que ya se han mencionado. La primera, que no necesito abogado y procurador para presentar una reclamación, aunque esté reclamando cantidades elevadas, por lo que me ahorro tener que pagar sus honorarios. En un proceso “normal”, si reclamo más de 2.000 euros, necesito obligatoriamente ir con abogado y procurador, según el art. 31 LEC, y si hay que reclamar una cantidad que no es mucho mayor que ese límite, tener que pagar al abogado no sale muy a cuenta. Así que el monitorio supone una ventaja económica.

La segunda, que si la otra parte no da señales de vida, automáticamente me dan la razón, sin necesidad de celebrar juicio ni demostrar nada. Si lo que reclamo son más de 2.000 euros, aunque yo no haya necesitado abogado ni procurador, la otra parte sí lo necesitará sólo para decir que no me debe nada, así que si tiene que rascarse el bolsillo, cabe esperar que no se moleste ni en presentarse. Al contrario que en un monitorio, en un proceso “normal”, aunque la otra parte no aparezca al juicio, hay que celebrarlo igualmente, y hay que demostrar todo lo que hemos afirmado en la demanda si no queremos que nos dicten una sentencia desestimatoria. Así que el monitorio supone una ventaja estratégica.

Pero la clave del doble filo del monitorio está en la condición para que funcione la segunda ventaja, esto es, que la otra parte no aparezca, y no se oponga. Porque como la otra parte se presente y diga “yo a este señor no le debo nada”, la cosa empieza a complicarse.

Consecuencia de la oposición

¿Y qué pasa si el deudor se presenta (tal vez con abogado) diciendo que no me debe el dinero que me debe? ¿Tendrá la desfachatez de presentarse con abogado para decir que no me debe lo que me debe? La realidad es que sí, hay gente con tal desfachatez. ¿El juez le dará la razón? ¿Me la dará a mí? Ni lo uno ni lo otro. Se archivará el monitorio.

Ya está. Hasta aquí llega la eficacia del monitorio. Sólo sirve de algo si el deudor no alega nada, o es lo suficientemente responsable como para aparecer para decir que sí, que debe lo que se le pide. El reclamado sólo se molestará en oponerse a la reclamación si cree tener razón para oponerse al pago… o si le apetece jugar a marear la perdiz.

Pero claro, aquí no acaba todo. El monitorio se cierra, pero en su lugar se abre otro proceso. ¿Cuál? Pues el que yo quería evitar, el proceso “normal” que habría utilizado de no existir el monitorio, lo que llamamos un “proceso declarativo”. El proceso declarativo será uno u otro dependiendo del importe que reclame.

Si reclamo menos de 2.000 euros se abrirá un proceso de Juicio Verbal, y el Juzgado nos citará a ambas partes a una vista (un juicio), sin necesidad de abogado ni procurador. ¡De haber sabido que el deudor iba a oponerse, me habría ahorrado trámites, y habría interpuesto directamente una demanda de Juicio Verbal! En este caso el monitorio lo único que ha conseguido ha sido hacerme perder el tiempo, y llevarme a un proceso que quería evitar.

Si reclamo más de 2.000 euros y menos de 6.000, también se abrirá un Juicio Verbal, y el Juzgado también nos citará a ambas partes a una vista (juicio), pero en este caso nos advertirá a ambas partes, demandante y demandado, de que debemos comparecer asistidos de abogado y procurador. Esos profesionales tan simpáticos a los que quería evitar tener que pagar. Al final no me escapo de pagar, y encima he perdido tiempo con el monitorio. Si encima voy y pierdo el juicio porque no consigo convencer al Juez de que el demandado me debe lo que me debe, ¡me condenará en costas y me obligará a pagarle a la otra parte lo que se haya gastado en abogado y procurador! Esto es lo que se llama ir a por lana y salir trasquilado.

Si reclamo más de 6.000 euros procede un Juicio Ordinario, que tiene más protocolo que un Juicio Verbal, así que en vez de citarnos a las partes a la vista, el Juzgado me pedirá a mí, demandante, que en el plazo de un mes me busque un abogado y un procurador, y presente una demanda de Juicio Ordinario, explicando con pelos y señales todos los hechos que tendré que demostrar con documentos y testigos. Si pasa el mes y no he presentado la demanda, el Juzgado me condenará en costas. Si aún presentando la demanda no consigo convencer al Juez de que el demandado me debe lo que me debe, igualmente me condenará en costas.

Sólo me dará la razón y podré llegar a cobrar lo que se me debe si consigo demostrar en el juicio que se me debe lo que reclamo. Así que según cómo vaya la cosa, al final no me ahorro el tener que ir a juicio, no me ahorro el pagar a un abogado y un procurador, tardo más, y a lo mejor hasta termino pagando en vez de cobrar.

¿Para qué sirve entonces el monitorio?

A ver, venga, no nos pongamos tremendistas… en realidad el monitorio sí que puede ser útil, y de hecho se usa bastante. Pero no puedo entrar a un monitorio ciegamente, sólo por el hecho de que es gratis y me ahorro un juicio. Hay que tener en cuenta lo que hemos dicho al principio: que sólo es útil si la otra parte no se opone, y si se opone, tengo que estar dispuesto a demostrar la deuda que reclamo.

Por eso, antes de presentar una petición de monitorio debo hacerme dos preguntas:

Primero, ¿es probable que la otra parte se oponga? No hay modo cierto de saberlo de antemano, pero puedo suponerlo con bastante probabilidad si conozco bien a mi deudor. También ayuda el hecho de que yo haya sido totalmente honesto con mi reclamación. Si peco de avaricia y reclamo cantidades que no están del todo seguras, porque estoy pidiendo el pago de un trabajo que no se ejecutó correctamente, porque hubo alguna confusión a la hora de pasar el presupuesto, o por el motivo que sea, la parte contraria puede verse más animada a oponerse, por sentir que tiene razón, al menos en parte. Si sospecho que se va a oponer, bien porque es un marrullero, bien porque puedo suponer que no está de acuerdo con lo que le quiero cobrar, no tiene ningún sentido acudir a un monitorio, para eso es mejor saltárselo, y acudir directamente al siguiente paso. Y si no lo tengo claro, tendré que decidir si quiero asumir el riesgo.

Segundo, si la otra parte se opone, ¿puedo demostrar que me debe lo que me debe? Al entrar a un Juzgado lo importante no es tener razón, sino tener pruebas. Si alguien me encarga un servicio de palabra, le doy el presupuesto por teléfono, y en ningún momento me firma nada que suponga un reconocimiento de la contratación y prestación del servicio, jamás podré demostrar ante el Juzgado que me debe dinero, y para el Juez no hay duda: quien reclama es quien debe demostrar, y si no demuestra, pierde. Es frustrante, lo sé… pero es así. La próxima vez me tendré que asegurar de hacer las cosas bien: presupuesto por escrito, comunicación por correo electrónico (que deja constancia), y que me firme la conformidad con el trabajo realizado.

Por lo tanto, salvo que nos guste el riesgo, el proceso monitorio sólo debe utilizarse si no tenemos motivo para sospechar que la otra parte vaya a oponerse, y además podemos demostrar que la deuda es cierta.

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